Y al final…
A qué está condenado aquél que no sepa para qué vive. A vagar de un sitio a otro, olvidándose de sí mismo, no en un afán altruista, sino más bien en un caos sinsentido. A qué estamos condenados los que no tenemo ni idea de qué es lo que quiere el mundo, o Dios, de nosotros.
Algunas veces deseo que todo fuera más fácil. Y es ésta quizá la frase que más repito y he repetido en los pocos años que llevo de vida. Ser distinto, no encajar, no llegar nunca a ser como todos los demás son, y esperan que tú seas, es mucho peor y más dramático que las películas hollywoodenses, en las que el feo, o el nerd, o la gorda son humillados. Es mucho más porque es lo vivido lo que lo hace peor. No es lo mismo ver a Chaplin golpearse la cabeza que estar en el hospital sintiendo las punzadas de la aguja cosiendo el producto de un golpe accidental. No es lo mismo ver a Hans Moleman, de los Simpson, gritando: “Ay, mi ingle!”, que sostener mis testículos adolorido ante los golpes de la vida.
Y mucha gente, y durante mucho tiempo, ha querido pensar que la solución es el amor. El entregarse a la pasión del roce y el sudor que complacen. Sin embargo, hasta qué punto ese “amor” no termina siendo una droga que me aliena del mundo en el que vivo.
Y eso me trae nuevamente al principio. A la pregunta con la que tengo que enfrentarme cada día: ¿Para qué estoy en este mundo? ¿Qué es lo que se quiere de mí? Debo lograr en mi vida lo que se quiere de mí o lo que quiero de mí… Cualquiera de las que logre, necesito al menos lograr una de ellas. Y es que veo pasar los años, sin sentir que me haya movido. Veo pasar el tiempo, sin haber hecho nada para alcanzar los sueños que alguna vez tuviera.
Pero no todo está perdido. El amor existe, y no surge de mí. Sé que puede sonar ridículo el pensar que hay un Ser Superior que sabe qué es lo mejor para mí. Y sé también que me cuesta aceptar algunas cosas que Él me regala. Sin embargo, también sé que a lo largo de esta vida, Él siempre ha estado ahí, y yo lo he experimentado. Así que sólo espero que siga ahí y me permita tomar de su mano para poder orientar mi camino hacia parajes felices…